ARIEL
Ariel llegó a la casa de sus padres ilusionado con darles la gran
sorpresa. Hacía tres años que no los veía. Ahora volvía a Buenos Aires habiendo
aprendido en EE.UU todo lo que necesitaba, era el momento de comenzar a
trabajar en su país. Ellos lo esperaban para Navidad, realmente se iban a
sorprender, más aún cuando les contara
que se quedaba, para siempre.
La
sorpresa se frustró porque no estaban en casa, insistió con el timbre y
finalmente entró, todavía conservaba las llaves. Estaba muy cansado, se tiró en
la cama de los viejos y pensó que era probable que se asustaran cuando lo
vieran allí sin imaginarse siquiera que pudiera ser él. Supuso que siendo ya
las 11 de la noche no tardarían en llegar. Trató de mantenerse despierto para
evitar malentendidos pero el sueño lo venció y se quedó profundamente dormido.
...
Cuando el Jefe supremo lo llamaba,
al Periodista lo invadían temores, incertidumbres y una ansiedad de tal
magnitud que en el trayecto de los tres pisos que lo separaban del despacho
terminaba un cigarrillo entero y
alcanzaba a encender otro. "Qué querrá esta vez. Otra denuncia, otro
circo, no sé si estoy en condiciones. Mi imaginación está agotada"
El
hombre lo recibió muy sonriente y lo invitó a sentarse en el amplio sillón rojo
de cuero en el que sólo se sentaban los grandes personajes que lo visitaban.
“Tengo una idea. Una gran
idea. El victimario deberá transformarse en víctima, hay que recuperar el
cariño y respeto de la gente y, sobre
todo, recuperar la credibilidad perdida con sus últimos informes que,
lamentablemente, no tuvieron el efecto deseado".
A
pesar de estar considerado como el "Periodista estrella" del medio y
de haberse ganado la confianza absoluta de su Jefe, cuando se enfrentaba con su
mirada tenía la sensación de que todo
se desmoronaba y de que allí terminaba su carrera. Tan penetrante, tan
amenazante, tan diabólica. Registró el pase de factura no
disimulado y pensó "Hijo de puta como si solamente yo fuera el
responsable". Pero no dijo nada. Nadie contradecía esa mirada. El
Periodista había aceptado ser el Fausto en la comedia, una decisión que ya no podía revertir y que
lo comprometía a decir “amén” a cualquier pedido del Jefe, aún al más descabellado.
Y
le explicó la idea. Una locura. Un exceso. Pero el Jefe estaba tan convencido
de su genialidad que ya ningún argumento
lo haría retroceder. El mecanismo se había puesto en marcha. Nada podía
detenerlo.
...
"¡Están locos! Vos y tu
Jefe están locos".
El
Periodista trataba de convencer a su mujer, pero la tarea era muy difícil ya
que él mismo no lo estaba. Sin embargo insistió e insistió y logró que ella
finalmente entendiera que las órdenes
había que cumplirlas, era el trato, era el precio a pagar por todo lo
conseguido. Y sus argumentos fueron tan firmes que también consiguió convencerse a sí mismo.
"Nos mudamos con toda
la ropa, los papeles y nuestras cosas personales. Lo demás se queda acá, bueno,
debe quedarse acá. Todo va a ser
nuevo, comenzamos de cero, nueva casa, nuevos muebles, nueva vida."
Estuvieron de acuerdo en no
avisarle a su hijo de la mudanza.
"De Ezeiza lo llevamos
a la casa nueva. ¡Se va a caer de culo cuando la vea! A lo mejor le gusta tanto
que no se vuelve. ¿Te imaginás que bueno sería tenerlo otra vez con nosotros?
Es lo único que nos falta para que todo sea perfecto".
...
Se
hicieron los contactos, se acordaron fecha y hora. La credibilidad y el
respeto hacia el Periodista y su medio iban a ser definitivamente
recuperados. Las víctimas siempre ganan un lugar en el sentimiento de la
gente. Eso pensaban. Tenían la absoluta certeza de que así sería, porque la idea es genial, no había
dudas, ni vacilaciones y mucho
menos reparos.
...
"¿Seguro no hay nadie
en la casa?".
"¡Pero no! Te digo que
está vacía, se mudaron ayer. El jefe me lo aseguró, además lo comprobé. Esta
tarde estuve llamando y nadie contestó"
"¿No hay vecinos?"
"Están lejos, hay
jardín y un garaje que los separa de la casa. Eso sí, van a llevarse flor de susto con el
ruido."
Eran las dos de la madrugada cuando estacionaron el coche, sin apagar el
motor para escapar más rápido. Colocaron el artefacto en la ventana que,
adrede, había quedado con la cortina apenas
levantada. Usarían un control remoto por lo tanto no había posibilidad
de que los vieran. El plan era perfecto.
...
Ariel no
escuchó que levantaban la cortina de la
ventana del dormitorio, no escuchó las voces apagadas de quienes
instalaban algo en la ventana, no escuchó el ruido del motor del auto que se
alejaba. Estaba dormido, profundamente.
No escuchó, no supo, no se despertó.
Y ya no se despertaría, nunca más.
fin
Año 2014
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